martes, 22 de marzo de 2016

El Otro Diego


Pre-Flop: Antes de Fabricar el Sueño

Si tuviese que comparar la vida con una partida de póker podría escribir que las acciones “preflop” son aquellas fijadas por nuestras habilidades, por nuestros dones y por las herramientas con las que contamos, todas ellas aunadas a conseguir un objetivo en particular, una meta, un sueño. El riesgo de lograrlo siempre podrá ser evaluado con un cierto nivel de consciencia o cómo en algunos casos no importa evaluar y sólo hay que actuar, lo siguiente ya es historia conocida, entrar al juego o esperar. Existe entonces, para mí, una “historia pre flop”, una historia de quienes somos antes de ser lo que somos y cómo hemos luchado para ello.

 Al iniciar esta crónica, no sólo quise saber sobre mi protagonista en el desarrollo de lo que, para muchos, ahora es una “partida exitosa”. Sobre Diego y su “aVentura” quise saber más, no sólo saber cómo empezó su carrera en esta profesión sino quién era él antes que sucediera todo lo que ahora es. Cómo era ese Diego, antes que iniciase su romance bien llevado con el póker, dicho de otra manera, cuál fue su “historia preflop”. Así pues consigo contactarlo y una mañana simplemente comienzo a saber de él.

Diego, inicia calmado la entrevista pero suelta una risa ruborizada cuándo le digo que ninguno de nosotros en el test profesional, usados en los colegios para conocer el perfil de sus alumnos, muestra condiciones para que en el resultado diga: “Usted será un gran jugador profesional de Póker”. Entonces, Diego, confiesa que le atraía la ingeniería industrial como profesión, la flexibilidad de la misma permitía que en el futuro pudiese encontrar en que especializarse. Su padre lo llegó a aconsejar y con el ejemplo que el título le respaldaba, pudo tener una referencia más cercana y exacta para decidir. Diego, quiere ser ingeniero y en realidad, lo que le fascina es la idea de poder encontrar un campo amplio en donde siempre va aprender algo nuevo. Es que así es Diego, y no duda en hacerlo saber: “Siempre quiero aprender y quiero ser el mejor” – me dice breve, seguro, pero percibo curiosamente un tono humilde.  

Entre los primeros años de universidad, durante alguna de esas tantas vacaciones, Diego, viaja a los EE.UU por un intercambio, en donde se le permitía emplearse en un oficio con el objetivo de mejorar el inglés. El idioma perfecciona, logra su objetivo: conocimientos y dinero, ¿nos suena familiar el resultado?... Pero la historia tiene una particularidad, entre las ganas de querer mejorar y poder desarrollarse en un territorio distinto, el póker le hace el primer guiño. Este se muestra agazapado y presto a seducir la mente curiosa de Diego, que cómo es su costumbre, no permite que un juego en el ordenador se le muestre extraño. Busca reglas, información básica y consigue comprenderlo. Diego y el Póker, tuvieron la primera cita en la casa más lujosa de este segundo. Pero no crea que luego de eso él consiguió sus grandes resultados y así se hizo de ese nombre respetado del que ahora sabemos; aún resta historia por contar.

Nuestro amigo tiene que volver al Perú, siguen los estudios, participa en trabajos que le permiten desarrollar sus nuevas habilidades, entre ellas el idioma. Logra juntar dinero y con lo conseguido no tiene duda en volver a EE.UU en las siguientes vacaciones, el objetivo pues era conocer y trabajar. Logra contactos laborales, pero la crisis americana hace que el viaje no fuese como lo había planeado y tiene que retornar. Pero, el destino y no sé como lo llame usted, tuvieron otro rato caprichoso para alejarlo nuevamente del Perú. Diego, cuando me cuenta esto señala que el “siguiente destino” era Brasil. Esto me hace entender que siempre estuvo dispuesto a arriesgar pero de forma inteligente, él analizó el “terreno” y luego por motivos académicos y por un convenio de la universidad pudo viajar a Brasil junto con cinco compañeros más, alquilar un departamento cerca a la Universidad de Sao Paulo, donde ahora estudiaría y compartiría gastos con aquellos estudiantes. Me cuenta entre risas que Brasil se presentó con un Bus lleno de gente y él sin entender a nadie, pero todo era nuevo y valía la pena - Académicamente es muy distinto todo, pues se le da más prioridad al aspecto práctico mientras que en Perú todo era más teórico – me cuenta – Allá la gente incluso iba con el uniforme de sus trabajos y casi en su totalidad laburaban en empresas – añade.

Pero en Brasil, no solo aprendería de planeamientos, productividad o logística, ahí lo esperaba un viejo conocido que reclamaba por un segundo encuentro. El Póker  se reunió con él en uno de los territorios más importantes de este deporte en Latinoamérica. Casualidad, destino, cómo le dije, llámelo como quiera pero todo confabulaba para que nuestro amigo llegara a lo que ahora lo apasiona y sigue seduciendo. Sin embargo, debo aclararle que aún resta historia por contar  y que no es aquí en donde Diego, consigue el éxito. Las cosas no son tan fáciles y así se lo hace saber su Madre cuando al finalizar los seis meses del primer ciclo en Brasil, él debía volver por cuestiones económicas. Pero, él no quería volver, no deseaba regresar a la rutina y que en la misma se durmieran sus ambiciones.  Él debía apelar a su esfuerzo y demostrar que él podía - “porque cuando uno quiere algo, busca las oportunidades” – así me lo hace saber. Entonces, decide quedarse mientras que sus compañeros regresaban a Perú por vacaciones con el compromiso de volver, pero él no viajó ya que si volvía ya no había un boleto con retorno a Brasil. Lo primero que entendió es que debía reducir gastos puesto que sus compañeros se habían marchado, buscar algo más económico para dormir y un lugar donde trabajar para poder comer, pues de póker no sólo vive el hombre.  Así nuestro amigo consigue un lugar en donde alquilaban dormitorios y que también funcionaba como restauran de comida mexicana, aquí el joven estudiante propone un negocio admirable que felizmente no fue aceptado. Desayuno, almuerzo y cena por trabajo dentro del establecimiento, pero así es Diego, arriesgado pero inteligente, quizás el sabía que aquél dueño no iba aceptar tremenda propuesta y por el contrario recibiría una remuneración justa pero si no resultaba pues por lo menos la necesidad estaba aplacada. Consigue el objetivo nuevamente, ya estaba seguro con un trabajo remunerado y un lugar donde dormir.

En medio de todo, el póker se presenta galante, soberbio, adinerado y él en la acera del frente, con un salario modesto pero no muy ambicioso. Se detuvo y comparó, ocho horas por veinte reales u ocho horas por diez mil dólares, seguro que si usted se detiene hacer este cuadro no demoraría en dar una respuesta. Pero vayamos lento y no creamos que la respuesta es tan fácil, él tenía claro que la segunda opción era mejor que la primera pero debía haber una preparación previa, no todo debe ser tan sencillo. Siguió en su empleo y a la par jugaba pequeñas sesiones que no se comparan a las jornadas del actual Diego, todo era muy básico y sin ciencia alguna. Pero el esfuerzo se iba dando  de a pocos, tenía que aprender y siguió buscando información, algunos foros tal vez para que le sirva como orientación. Diego, leía noticias de grandes jugadores, grandes resultados, y no tardaría mucho para que el viera sus cartas, reconociera que tiene talento para aprender y que de tener éxito lo asumiría con responsabilidad, simplemente, Diego, quería ser profesional y así nuestro amigo inicia la partida en este deporte, pero como ya escribí, aún resta historia por contar.


Anyelo Zeña

martes, 26 de enero de 2016

Un café y unas fichas, por favor


Al iniciar el proyecto de "Coffeee&Poker" se me pasaron muchas cosas por la cabeza: el cómo hacer que este medio pudiese transmitir un perfil distinto de los profesionales dedicados al póker, cúal sería la temática de la página ,y, entre muchas otras interrogantes importantes apareció ¿cúal sería el nombre que llevaría?. 
Cómo poder transmitir que el póker, es elegante, misterioso, apasionante y pensante, inmediatamente pensé en el café y su similitud con respecto a todos los aspectos planteados. encontré muchas similitudes metafóricas, pero me he de quedar con algo sutilmente agradable de estos dos elementos (el póker y el café), ambos están hechos para disfrutar. En ese gozo que es el aroma del grano y el sonido de las fichas golpeadas al paño, le invito a disfrutar de esta página y que se deleite con la mejor cosecha de este deporte. Sin más, bienvenido a "Coffee&Poker"


Anyelo Zeña
Director.

lunes, 25 de enero de 2016

Par de ases contra full de respeto (Parte I)
Por Anyelo Zeña
La ciudad ya viste de noche, miro el reloj y son casi las once. La calle luce vacía y la verdad no hay mucho que hacer, pienso que no es una mala idea ir al viejo y gran casino de la ciudad con la consigna de ganar dinero con aquellos malos jugadores que frecuentan el lugar. Saco la cajetilla de cigarrillos que traigo en la chaqueta, llevo uno de ellos a la boca y luego de la primera pitada cojo el primer taxi que interrumpe el silencio. Indico el lugar y después de unos quince minutos de viaje y una entretenida charla con el taxista bajo del vehículo y camino decidido por una noche rentable.
Cruzo la puerta de grandes vidrios custodiada por un tipo elegante y de buen porte. Me saluda muy educado y le respondo con un movimiento de cabeza e ingreso con la sonrisa de aquel que no deja de asombrarse por el “glamour” que puede entregarte un lugar refinado, lleno de luz, clase y donde respiro a todo momento dinero, mucho dinero y eso es lo que busco ahora, dinero. Camino hacía al gran salón donde están la mesas de Texas y en el camino me acompaño de un vaso del fino Whiskey que osadamente le quito a un mesero.
Al primer sorbo del escocés, pienso que soy un excelente jugador pues mi talento me ha dado buenos logros y en las veces que he perdido ha sido por esa maldita mala suerte la cual detesto por toparme con jugadores inferiores que no tienen ni idea de lo que es jugar; no entiendo cómo me puede perseguir esa situación que no le deseo a ningún compañero.
Llego al salón y veo las seis mesas de siempre llenas y en un lugar aparte y cercado se encuentra una mesa privada que es celosamente vigilada por un tipo de traje que obviamente por la cara de serio es un agente de seguridad del casino. Esa es la mesa que me interesa, debe haber mucho dinero y noto que puedo hacer mi noche con aquellos que están en esa mesa, solo debo tener cuidado para no ser sorprendido por esa mala suerte.
Bueno, está decidido jugaré ahí pues tengo el dinero como para poder sostenerme en esa partida. De pronto mi pensamiento se interrumpe al brusco saludo del tipo que se encarga del funcionamiento de aquella área del casino, me palmotea la espalda y sonríe haciendo notar que él es quién manda en ese lugar y así lo noto por el tremendo rolex que tiene en la muñeca, usa una fina camisa blanca que entre abierta al cuello muestra una gran cadena de oro. De gran tamaño, canoso pero con poco cabello y una sonrisa amarillenta seguro por la nicotina de los sesenta cigarrillos que se fumaría diario.
- ¿Y caballero, va a jugar?... me pregunta desafiante y sonriente.
- Definitivo – le respondo, con esa seguridad de querer desplumar a todos y que daba pie a la siguiente pregunta que le iba a ser a ese tipo - ¿Cuál es la mesa donde están jugando más dinero y dime si tienes posiciones libres?
- Pues en la mesa privada… y si hay una posición disponible pero… ¿tienes el suficiente dinero porque es gente muy exclusiva y juegan sumas muy altas? – Me pregunta algo preocupado e incrédulo al hecho de que yo pudiese jugar ahí.
- Dinero y talento – le respondo.
- Pues entonces bienvenido – me dice con aún esa incertidumbre que me molestaba.
El agente de seguridad me abre el paso y retira la cadena dorada que cerca la mesa de las otras, me retira la silla para poder sentarme, coloco mi escocés en la mesa y los ojos de los jugadores se vuelven hacía mi, quizás yo desentonaba en el fino ambiente que se respiraba en el lugar. Uno de ellos llama al hombre que me atendió, le habla al oído y con las manos va haciendo unos ademanes y señalando de cuando en cuando mi posición. Interrumpo la charla sacando el fajo de billetes y compro las fichas, el tipo calla su reclamo y mueve la mano despidiendo al encargado.
- Lo siento caballero, pensé que por ser joven no tendría ni el mínimo para sentarse con nosotros – me dijo avergonzado pero muy sincero.
- No se preocupe lo entiendo, no es la primera vez que soy juzgado por la edad – le respondo.
- Pues vamos caballeros que hoy tenemos una noche larga – invitaba el anciano a sus colegas.
Así empezó la partida conmigo a bordo. El Dealer cumplió su procedimiento respectivo, pidiéndome mi ciega obligada de 25 $ y entrega mi primera mano de la noche…
(Continúa)